10 febrero, 2026 / Perspectivas
El propósito también se diseña: cuando el sentido se vuelve estructura
Durante mucho tiempo, el propósito fue presentado como algo íntimo, personal, casi espiritual. Algo que pertenecía a la vida privada, no al terreno aparentemente frío de los negocios.
Se hablaba de propósito como una declaración bonita, un ideal inspirador o una frase bien escrita en la pared de la empresa.
Sin embargo, la realidad que hoy viven muchas organizaciones nos muestra algo distinto: el propósito también se diseña.
Se diseña en los procesos.
En la forma de producir.
En cómo se toman decisiones cuando nadie está mirando.
A lo largo de mi camino como emprendedora y acompañante de empresas en distintos contextos de Europa y América Latina, me he encontrado con una constante: hay personas y organizaciones que genuinamente quieren hacer las cosas mejor. No por moda, no por obligación, sino por una búsqueda honesta de coherencia. El problema no es la intención.
El problema es el cómo.
¿Cómo se aterriza el propósito en la operación diaria?
¿Cómo se vive en el día a día del equipo?
¿Cómo se refleja en la cadena de valor, en los proveedores, en el impacto que dejamos en los territorios?
Ahí es donde el diseño se vuelve una herramienta poderosa.
No el diseño entendido como estética, sino como una forma de pensar y estructurar la realidad. Diseñar con propósito significa traducir valores en decisiones concretas, en procesos claros, en modelos de negocio que no se contradicen a sí mismos.
Cuando el propósito no se diseña, se queda en discurso. Y el discurso, tarde o temprano, se rompe frente a la presión del mercado, del crecimiento o de la rentabilidad. En cambio, cuando el propósito se convierte en estructura, empieza a sostener al negocio incluso en los momentos difíciles.
Diseñar con propósito no es romantizar la empresa ni volverla ingenua. Todo lo contrario.
Es hacerla más resiliente, más coherente y, paradójicamente, más competitiva. Porque los mercados están cambiando. Hoy, clientes, aliados y equipos no solo compran productos o servicios: compran congruencia.
El propósito no es algo que se “tiene” o se “declara”.
Es algo que se diseña y se practica todos los días.
Y cuando eso sucede, el negocio deja de ser solo un medio económico para convertirse en una expresión viva de lo que creemos y de cómo elegimos habitar el mundo.